A lo largo de este blog hemos propuesto la necesidad de estudio de los objetos muebles e inmuebles que nos rodean y que usamos cotidianamente. Objetos cuya vida útil es cada vez menor debido al veloz desarrollo científico y tecnológico. La velocidad con que un objeto cae en la obsolescencia varía radicalmente de un tipo a otro, pero dada la dinámica capitalista, todo parece caer en esa dinámica de desgaste acelerado. El consumismo, ampliamente promovido, nos invita a "estar a la moda" y sustitir objetos que aunque todavía sirven y son útiles, ya pasaron de moda, cualquiera que esta sea. De ahí, ya lo hemos dicho, la importancia de los estudios arqueológicos sobre los objetos presentes. Uno de esos objetos de estudio debe ser sin duda la vestimenta, o sea, la ropa con que nos cubrimos el cuerpo para protegernos de la mirada de los demás y de los cambios climáticos. Objetos, a través de los cuales tratamos de proyectar una imagen de nuestra posición social, el poder y autoridad, que poseemos, nuestra personalidad particular y hasta nuestra preferencia sexual y género de pertenencia.. Así que la ropa se convierte en una importante área de estudio dado que ésta nos permite ejercer un rol social, definir un estátus, e incluso enfatizarlos ante los demás. Se puede decir que nos disfrazamos a cada momento para relacionarnos con los demás; queremos presentarnos de una manera aceptable para nosotros mismos y para los demás, aquellos con los que nos hemos de relacionar en el día, compañeros de trabajo, de un club social o deportivo, socios, etc. Consecuentemente, no nos vestimos de determinada manera solamente por nuestro gusto y preferencia, sino también lo hacemos en función de lo otros y de lo que queremos de ellos, empezando por la aceptación, la empatía, y muchas otras cosas más. Nos vestimos entonces en términos de una doble intención, nuestro gusto personal y la aceptación de los demás, especialmente de aquellos con quienes nos relacionamos directamente (o queremos hacerlo), y a los que queremos proyectarles cierta imagen propia. Y esto abarca un amplio espectro de posibilidades respecto a las cuales hacemos un cálculo estratégico sobre que manera de vestir es la más adecuada para las circunstancias en que se llevará a cabo la relación social. Pero aún en la intimidad del hogar, nos vestimos de determinada manea, ya sea que vayamos a dormir, o a simplemente permanecer en casa relajadamente descansando. Y si vamos a ver un juego en el que participa nuestro equipo favorito, pues nos ponemos la camiseta para sentir que brindamos nuestro apoyo a ese equipo. No se diga si somos fanáticos (inchas) y vamos al estadio a presenciar el juego.
La ropa es pues un elemento central en las relaciones sociales, reales o imaginarias, presentes o futuras. La ropa es un objeto (o conjunto de ellos), para afirmar quienes somos y lo que somos o deseamos llegar a ser. No es de extrañar que usemos ropa especial para ejercer una función en la Iglesia, como el sacerdocio, en la milicia de acuerdo a nuestro grado en la misma; ,o en el ámbito de la salud, para resaltar nuestra capacidad como profesionales de la medicina. El vestir la bata blanca, el alzacuello, el hábito de monje, otorgan a la vista de los demás autoridad. Dar cuenta de las distintas formas en que nos hemos vestido a lo largo de la historia, no es pues, una simple curiosidad intelectual, sino una forma de descubrir a través de la misma, cuestiones como la estratificación social, el prestigio, los grupos o clases de pertenencia, la autoridad o poder adquiridos, etc. Así que no puede ser dejada del lado por el arqueólogo del presente y el arqueólogo tradicional que pone su atención en el pasado.
Este espacio está dedicado a la arqueología del transporte en general y del autotransporte en lo particular. Se pretende estudiar, investigar al transporte como un objeto social producido por y para los seres humanos. La idea fundamental es que el transporte es parte muy importante del patrimonio cultural e histórico de la sociedad y como tal debe ser reconocido, estudiado y conservado.
domingo, 17 de febrero de 2013
jueves, 7 de febrero de 2013
Las cosas y las relaciones sociales
Las relaciones sociales estan mediadas por los objetos materiales. Sí, en la medida en que no somos entes metafísicos, sino seres de carne y hueso, materiales, las relaciones con los demás seres humanos están mediadas por las cosas que los propios seres humanos hemos creado para fácilitar esas relaciones. Aun a las relaciones con Dios les pasa lo mismo. De hecho, es en el ámbito de la religión dodnde ha sido más difícil desprenderse de la custión material para adorar a una divinidad que pide que no se haga una imagen de él. Los seres humanos necesitan hacerse de esas representaciones materiales (imagenes, estatuillas, altares) para sentir que pueden ponerse en contacto con la divinidad y comunicarse con ella. Son pocas las religiones que han logrado convencer a sus fieles de no hacerse esas figuras representativas de Dios o los santos, el judaísmo, el Islam, la religión de los Gauranies en el Paraguay y algunas iglesias cristianas lo han logrado con mucho esfuerzo. Pero en la mayoría de los casos, la fuerza de la existenci material se ha impuesto y se ha caído en eso que llaman idolatría.
Pero este mismo fenómeno se da en prácticamente todos los ámbitos de la vida humana social. Las cosas sirven para establecer relaciones con los demás, para facilitar la empatía y la comunicación interpersonales. Si queremos hacer un buen negocio invitamos al posible socio o cliente a comer a u restaurante; si queremos platicar con un amigo le invitamos un café; si queremos mostrar nuestro compromiso sincero con la novia, y el deseo de pasar nuestra vida con ella, le regalamos un anillo de compromiso y después sellamos el matrimonio con las arras y el anillo de bodas. Así podráimos seguir dando una lista interminan nuestras neceble lista de ejemplos. Lo cierto es que los objetos no sólo satisfacen nuestras necesidades biológicas y materiales, sino también las de orden espiritual, afectivo e intelectual. Un buen trago puede cambiar la actitud de el otro respecto a nosotros; un buen ramo de rosas puede derribar las reticencias y defensas de una chica a la que queremos conquistar. Actulmente, con el desarrollo de la ciencia y la tecnología el número de objetos se ha multiplicado hasta el infinito, y estos satisfacen, por lo menos temporalmente, mucha necesidades humanas. A grado tal, que a veces las cosas acaban volviéndose objetos de culto, como si fueran entes vivos, fines en sí mismos y no lo que en realidad son, apoyos y ayudas para el ser humano. De ahí la importancia de su estudio arqueológico y sociológico.
La nuevas generaciones de arqueólogos deben pues estar entrenadas para estudiar este mundo contemporáneo en que las cosas se han multiplicado y diversificado, y donde han cobrado una importancia capital en la escala de valores humanos. En la medida en que esas cosas, esos objetos, han introducido modificaciones significativas en la sociedad y en las relaciones sociales, son un tema relevante de estudio arqueológico.
Pero este mismo fenómeno se da en prácticamente todos los ámbitos de la vida humana social. Las cosas sirven para establecer relaciones con los demás, para facilitar la empatía y la comunicación interpersonales. Si queremos hacer un buen negocio invitamos al posible socio o cliente a comer a u restaurante; si queremos platicar con un amigo le invitamos un café; si queremos mostrar nuestro compromiso sincero con la novia, y el deseo de pasar nuestra vida con ella, le regalamos un anillo de compromiso y después sellamos el matrimonio con las arras y el anillo de bodas. Así podráimos seguir dando una lista interminan nuestras neceble lista de ejemplos. Lo cierto es que los objetos no sólo satisfacen nuestras necesidades biológicas y materiales, sino también las de orden espiritual, afectivo e intelectual. Un buen trago puede cambiar la actitud de el otro respecto a nosotros; un buen ramo de rosas puede derribar las reticencias y defensas de una chica a la que queremos conquistar. Actulmente, con el desarrollo de la ciencia y la tecnología el número de objetos se ha multiplicado hasta el infinito, y estos satisfacen, por lo menos temporalmente, mucha necesidades humanas. A grado tal, que a veces las cosas acaban volviéndose objetos de culto, como si fueran entes vivos, fines en sí mismos y no lo que en realidad son, apoyos y ayudas para el ser humano. De ahí la importancia de su estudio arqueológico y sociológico.
La nuevas generaciones de arqueólogos deben pues estar entrenadas para estudiar este mundo contemporáneo en que las cosas se han multiplicado y diversificado, y donde han cobrado una importancia capital en la escala de valores humanos. En la medida en que esas cosas, esos objetos, han introducido modificaciones significativas en la sociedad y en las relaciones sociales, son un tema relevante de estudio arqueológico.
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