El rescate del Fuerte de Guadalupe, en la ciudad de Puebla, es uno de esos hechos que llaman a la indignación. Más que de un rescate, se trata de una "modernización" que obedece a la irracionalidad del capricho de los gobernantes y a su desconocimiento de la importancia capital que tienen los restos arqueológicos para la historia y la cultura, tanto de la ciudad de Puebla como del país en su conjunto.
La remodelación llevada a cabo en el Fuerte, obedece a criterrios de índole mercantíl y turístico, que a la consciencia plena de preservar los restos del fuerte para las generaciones actuales y futuras. Y eso es del todo inaceptable. Los daños causados a los restos del Fuerte pueden ser irreversibles y permanentes, y quienes autorizaron dicha remodelación y modernización debiesen ser investigados y en su caso castigados, por atentar contra el patrimonio histórico de la nación. Los trabajos de rescate, restauración o modernización jamás debieran poner en riesgo ese patrimonio. Se trata de cuidar y preservar esos restos y en el mejor de los casos reconstruir, pero de acuerdo a las pautas de diseño, y uso de materiales originales de una obra arquitectónica, no de implantarle parches que no sólo afean sino que distorsionan la obra original haciéndole perder mucho de su valor histórico cultural. El compromiso de las autoridades en la materia (INAH) no puede ser favorable a la destrucción de ese patrimonio histórico ni a su .alteración con fines mercantiles, turísticos o políticos. Muy por el contrario, debe esforzarse por mantener lo mejor posible, dentro de lo que las condiciones permiten, la obra arquitectónica en su forma original. Mucho se ha pedido por esta obra "modernizadora" de un lugar tan importante para la historia poblana y nacional. Y los funcionarios e instituciones que promovieron y ejecutaron esa obra de supuesto rescate, deben de enfrentar las consecuencias de la destrucción de nuestro patrimonio histórico cultural.
Queda claro que detrás de esta obra están los intereses mesquinos, la ignorancia y la corrupción así como una enorme falta de amor por la ciudad, el estado y el país. Parece haber un afán por destruir todo aquello que nos da identidad como pueblo y nación, para dejarnos en la indefensión, sujetos a los ires y venires del capitalismo más descarnado y brutal. Un pueblo sin identidad es una presa fácil de los inteses más cuestionables y dañinos. Un pueblo sin historia y cultura propios es una sociedad muerta en vida.
El Instituto nacional de Antropología e Historia (INAH) debe ser investigado, ya que este caso, del Fuerte de Guadalupe en Puebla, no es el primero en que se acaban privilegiado los intereses mercantiles y políticos de funcionarios o empresarios (nacionales y extranjeros), por sobre los intereses de los mexicanos, de la nación en su conjunto. De igual manera debe serlo la Secretaría de Educación del estado de Puebla,y todos los agentes que de alguna manera están vinculados con esta supuesta remodelación destructora.
No hay comentarios:
Publicar un comentario