Caminar la ciudad es una de las cosas más interesantes que se puede hacer, cuando uno visita sus barrios, colonias, plazas, calles, uno siempre encuentra novedades, cambios, transformaciones, en casas, comercios, edificios y otras instalaciones urbanas. Cuando uno recorre una ciudad que no es la propia, pero se suele visitar con cierta frecuencia, uno encuentra siempre cambios, un comercio que cambió de giro, otro que cerró o uno nuevo que se instaló, también cse encuentran cambios en la circulación de las calles, o que ya no se permite estacionarse, o que tal calle se hizo peatonal, y así sucesivamente. Esto es porque la ciudad es continua transformación y cambio debidas a la acción humana. Algunas partes se renuevan, otras se deterioran, otras más permanecen más o menos estables (o eso aparentan), pero siempre hay en ella acción y movimiento. Por eso, para ara el arqueólogo de lo contemporáneo, la ciudad es constante fuente de información sobre el quehacer humano en un territorio bien delimitado. Frente a su ojos suceden cambios y transformaciones continuas, algunas muy evidentes y notorias, otras no tanto. Pro lo cual debe estar con la mirada siempre atenta, siempre pendiente, siempre lista para tomar nota de esos grandes cambios, pero también esos pequeños cambios casí imperceptibles, que sólo una mirada entrenada puede captar, y vale decir, debe captar.
Así el arqueólogo debe salir cada día de su casa al lugar de trabajo listo a captar lo que suceda en el trayecto, pues ahí, en su presencia y ante sus ojos se suceden los cambios sean en sentidopositivo o negativos. Esta exigencia se vuelve aún más intensa en las grades megalópolis como la ciudad de México, o New York, o Tokio que concentran en un territorio relativamente pequeño grandes concentraciones de población, edificaciónes, transportes públicos y privados, colectivos e individuales, que interactuan de muy diversas formas y le dan un alto grado de dinamismo a la vida en ellas, que el arqueólogo debe poder captar. Es cierto que la cantidad de cambios y transformaciones, superan por mucho la capacidad del arqueólogo como individuo, o de grupos de ellos, por eso debe muchas veces especializarse en cierto tipo de temas que pueda captar, con la ayuda, de otros científicos sociales (sociólogos, psicólogos sociales y ambientales, economistas, abogados, politólogos, etnólogos, etnógrafos), historiadores, urbanistas, arquitectos, ingenieros. La ciudad es el campo de acción por ecelencia de la sociedad moderna occidental, por lo que también es el gran laboratorio social, donde lo humano se manifiesta más intensamente en todo su abanico de posibilidades, así que la ciudad es también el taller en el que el arqueólogo puede ejercer su saber muy productivamente.
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